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¿Qué comemos hoy? Método S.A.N.O. de Lucía Gómez

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Para quien no me conozca, soy Sonia. Y hoy vamos a analizar juntos el Método S.A.N.O. de Lucía Gómez.

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Te pongo en situación en cuatro líneas. Llevo ya mucho tiempo cuidando mi alimentación, así que esto no es la historia de la que comía fatal y vio la luz. Lo que empecé a buscar en un momento dado fue otra cosa: cómo seguir cuidándome y que además me gustara lo que comía, y por supuesto, no menos importante que fuese sencillo y rápido, porque la semana es larga y los días se quedan cortos para dedicarle el tiempo que pide.

Llegas un martes a las ocho, llevas desde las ocho de la mañana trabajando, y ahí está la nevera esperando a que tomes una decisión más. Y no falla: acabas repitiendo los mismos cuatro platos hasta que te aburres de ellos. Porque esa es la otra mitad del asunto. Pollo a la plancha, verdura hervida, ensalada y vuelta a empezar. Así aguantas unos días a lo sumo unas semanas, y luego llega un viernes tonto y pides una pizza, y no la pides por hambre. La pides por aburrimiento, al menos yo.

Ya sabéis cómo nos maneja el algoritmo de Instagram: empiezas a buscar una cosa y al día siguiente te la sirve en bandeja. Así apareció en mi vida y en mis menús Lucía Gómez. Y mira, agradecida estoy. Su cocina me parece sencilla, cómoda y muy acorde con mi economía, que no es poco. Sus recetas me encantan: sencillas, sabrosas y sanas, las tres cosas a la vez, y esa combinación escasea. Llevo tiempo cocinando lo que publica, hay platos que se han quedado fijos en casa, están ricos. Que a mí comer sano me gusta, y también me importa que lo que como esté bueno, es importante para no caer en la pizza y para tener motivación en cocinar.

Y con el tiempo «sorpresa» vi que se podía hablar de su método aquí en el blog, y me alegré mucho.

Te cuento antes de seguir: soy afiliada, o sea que si entras desde alguno de mis enlaces me llevo una comisión, y a ti no te cuesta nada de más, no te supone un incremento en el precio del curso.

El Método S.A.N.O. cumple en lo que promete: te quita de encima la decisión diaria de qué cocinar y te da el menú, las recetas y la lista de la compra hechos. Como sistema de organización está muy bien montado, y en casas con celiaquía o intolerancia a la lactosa vale doble, porque no tienes que adaptar nada.

Lucía es chef, y trabaja con un equipo en el que hay nutricionista, que es quien revisa los menús. Aun así, esto no es un programa clínico ni pretende serlo: si lo que necesitas es una pauta para una patología, eso es cosa de consulta médica.

Te contesto de entrada lo que pienso que yo preguntaría. Si las respuestas os encajan, seguid leyendo, abajo está el análisis a fondo. Y si no os encajan, pues os ahorro la lectura completa.

Yo me dedico a diseñar programas de intervención, y buena parte de mi trabajo consiste en algo muy concreto: que la persona pueda seguir la pauta en el tiempo.

Y ahí aprendes pronto una cosa: una pauta no se abandona por falta de fuerza de voluntad. Se abandona porque está mal planteada. Si pide demasiadas decisiones, se cae. Si depende de un día concreto, se cae en cuanto ese día se tuerce. Si después de un fallo no hay forma de retomarla, el primer fallo es el último.

Con la comida pasa igual. Así que he mirado el Método S.A.N.O. con ese criterio: no si las recetas son bonitas, sino si está pensado para sostenerse.

Y luego está la otra pata, que es más simple: a mí me encanta comer, y como os dije al principio llevo años comiendo bastante sano. He pasado un montón de domingos haciendo batch cooking por mi cuenta, con mis tuppers y mis listas. Así que cuando veo un menú semanal sé bastante bien si está bien montado o si lo ha hecho alguien que no ha cocinado para una familia en su vida.

Y después de eso me puse a probarlo en serio, con un menú entero de una semana, el que te explico como conseguirlo más abajo.

Es una membresía por suscripción, no un curso con temario y examen final. Entras en una plataforma y cada semana tienes el menú montado, las recetas de ese menú y la lista de la compra hecha a partir de él.

El nombre es un acrónimo, y lo traigo aquí porque resume bastante bien de qué va esto ➡

La idea de fondo es integrar la alimentación saludable en el día a día, sin normas rígidas y sin renunciar al sabor. Detrás está Cocinando el Cambio, la escuela de Lucía Gómez, con empresa en Madrid constituida en 2017 y dos libros publicados. No es un invento de este año. Lo que no es, y lo dicen ellos por escrito: no es un programa clínico ni sustituye una consulta de nutrición.

El menú viene montado, no eliges. Y si hay un plato que no te apetece, lo cambias en un clic por otro con el mismo aporte nutricional, sin recalcular nada ni descuadrar la semana entera.

Eso último tiene su miga. En intervención lo llamamos ofrecer una alternativa equivalente: si alguien rechaza una tarea y la única salida es dejarla, la deja. Si tiene otra forma de llegar al mismo sitio, sigue. Aquí está bien resuelto.

La lista de la compra se genera sola, ajustada a cuántos sois en casa y a qué comidas hacéis fuera. Otra decisión menos.

Mi valoración: Es un buen sistema, y muy cómodo.

Además de cocina hay clases y directos mensuales sobre mentalidad y cambio de hábitos, movimiento y deporte adaptado a distintos niveles, hipopresivos y suelo pélvico, tóxicos en la cocina, y descanso y gestión del estrés.

Y ahí hay algo que quiero destacar. Buena parte de quienes entramos en una membresía así somos mujeres que ya hemos pasado los cuarenta. Que dentro de un programa de alimentación te encuentres un bloque de suelo pélvico e hipopresivos es un acierto grande. Dedicamos muchísima atención a lo que comemos, pero es importante tener en cuenta el conjunto, la verdad es que una cosa atrae a las demás y aquí te lo dan echo.

Mi valoración: Me ha sorprendido gratamente.

Aquí es donde se caen casi todos los sistemas de batch cooking.

El planteamiento de siempre es: domingo por la tarde, dos horas, todo cocinado. Funciona hasta el domingo que estás en la sierra, o con gripe, o sin ganas. Y ese domingo no te quedas con medio sistema. Te quedas sin ninguno.

El Método S.A.N.O. amortigua bastante el problema, con recetas de preparación corta e indicaciones de qué adelantar y en qué orden, así que puedes cocinar por tramos en lugar de en bloque.

Y hay un consejo suyo que es el más práctico de todos: si no tienes tiempo para nada más, deja al menos las verduras de la semana preparadas. Lavadas, peladas y cortadas. Porque esa es la parte que más entretiene y la que hace que a media tarde acabes tirando de lo fácil. Con eso hecho, cualquier plato se resuelve en un rato.

Aun así no lo elimina del todo. La estructura sigue favoreciendo a quien puede sentarse un rato largo un día.

Mi valoración: por encima de la media, sin llegar a ser a prueba de imprevistos.

Un hábito que te obliga a cocinar dos veces se cae solo. Es demasiado coste para cualquiera.

Aquí los menús están pensados para que coma todo el mundo del mismo plato, con adaptación a Baby Led Weaning si hay bebé. Y todas las recetas son sin gluten, sin lácteos, sin azúcar y sin harinas refinadas, con indicaciones para sustituir ingredientes si hay alergias.

Aquí hay dos lecturas, y te doy las dos:

  • Si en casa hay celiaquía o intolerancia a la lactosa, es una ventaja enorme. No adaptas nada, no cocinas aparte, no te vuelves loca leyendo etiquetas.
  • Si nadie tiene intolerancias, estás asumiendo restricciones que no necesitas. Daño no te van a hacer. Tampoco hay evidencia de que te aporten nada.

Mi valoración: estupendo para casas con intolerancias, indiferente para las demás.

Me bajé los menús gratuitos que ofrece y lo primero que pensé fue que estaba todo masticado. Sencillo y muy bien estructurado: te dice qué comprar, qué lleva cada plato, cómo se hace y te resuelve las dudas antes de que te dé tiempo a tenerlas.

Así que cogí la lista y me fui al súper. Algunas cosas ya las tenía por casa y otras las cambié por gusto, porque hay ingredientes que sencillamente no me van. Y aquí está lo que más me interesaba comprobar: no me salió más cara que mi compra de siempre. Ahí ya dije vale, esto me sirve.

Organizarme me costó un poco al principio, para qué os voy a engañar. Como vas parándote a mirar ingredientes y cantidades, echas más rato del que echarías con tus recetas de memoria. Es cosa de cogerle el aire. Los platos en sí son fáciles y salen buenos, eso no falla.

Y os hago una confesión con las fotos. Algunas de las recetas que veis aquí llevan imagen suya, no mía. Yo fotografié las mías, que para eso las cociné, aunque de momento las suyas quedan bastante más presentables, porque emplatar es otro oficio. Cuando le coja el punto pondré las mías, prometido.

Después de esa semana me quedé con unas cuantas de sus indicaciones y me lancé a rebuscar más recetas suyas, que hay para rato.

Me gusta saber de dónde viene la gente a la que sigo, y en su caso la historia explica el método entero.

Con 29 años se dio cuenta de que le costaba subir cuestas. Tirando de ese hilo apareció todo lo demás: hinchazón, digestiones pesadas, infecciones de orina y un cansancio que arrastraba siempre. Lo tenía tan normalizado que llegó a creerse floja de naturaleza. Fue de médico en médico sin que nadie diera con ello, hasta que su madre le habló de una profesional que sí miró su salud desde la alimentación. Hay una frase suya de aquella época que se me quedó grabada:

No era yo la debilucha, era mi sistema inmune el que estaba bajo mínimos y mis defensas las que estaban cansadas.

Le cambiaron la alimentación de arriba abajo y en pocas semanas notó la diferencia. Ella lo hizo de forma radical, conviene decirlo porque no todo el mundo puede ni debe hacerlo así. Después se formó como chef en la Academia Matthew Kenney e hizo un curso de intolerancias alimentarias y varios de nutrición. En 2014 abrió un blog para contar lo que se cocinaba, la escuela vino más tarde y la comunidad se fue juntando sola alrededor. Un apunte de justicia: en 2016 ya hablaba aquí del método de los cuatro fuegos, cuando en España no lo hacía casi nadie.

Y esto importa, porque lo que propone no nace de un estudio de mercado, nace de sus propios fogones y de su propia necesidad. En su equipo hay una nutricionista, Lara, que es quien revisa los menús. Entre las dos arman una alimentación sana pensada para gente con la despensa complicada: celiaquía, intolerancia a la lactosa, alergias o cualquier alimento que no te siente bien. Ahí es donde más se nota que ha pasado por lo mismo.

En su web se define como chef y experta en cocina saludable e inclusiva, y esa palabra, inclusiva, es la que mejor describe lo que hace.

De todo lo que le he escuchado, la idea que más me convence va al revés de lo que se suele vender. El consejo de siempre es agregar: más verdura, más fruta, legumbre, semillas, algún complemento. Ella empieza por el lado contrario. Primero fuera los ultraprocesados y luego se incorporan los vegetales. Restar antes que sumar.

De ahí vienen sus dos manías: la hortaliza en cada comida, en cantidades que al principio impresionan, y los panes. Sostiene que hay muchas harinas más allá del trigo y que con ellas se hornea pan de verdad sin gluten, por eso dedica un curso entero a las masas. En su tratamiento tuvo que retirar alimentos que, siendo sanos, no le sentaban bien, y en lugar de vivirlo como una carencia buscó cómo comer lo mismo en otra versión. Eso es justo lo que encuentras en sus recetas.

Hay un detalle suyo que a primera vista no dice nada. Contaba que en su casa usan siempre la vajilla buena, la que más les gusta, sin esperar visita. Me sentí muy identificada, porque yo también decidí un día sacar mis platos bonitos a diario. Las jarras tampoco las reservo para nadie. Lo uso todo. Comer bien y como a mi me gusta es un regalo que nos damos y seguro que muchas de vosotras o vosotros tambien.

Dos cosas más me dan confianza:

  • Los menús los revisa la nutricionista del equipo, no los firma ella sola. Y hay sesiones con las dos.
  • Su libro publicado en Alienta, del Grupo Planeta, lleva recomendación en portada de Odile Fernández, médico de familia, y de Lucía Redondo, nutricionista y doctora en Ciencias. Que dos profesionales sanitarias pongan ahí su nombre no lo hace cualquiera.

Ningun curso me convence del todo, y aquí hay dos detalles que quiero comentaros. Ninguno es grave.

El primero es una palabra. Los menús se describen como antiinflamatorios, y ese término se usa hoy para casi cualquier cosa. Comer más verdura y menos ultraprocesado sienta bien, en eso no hay discusión.

El segundo va de gustos, y es el que más me toca a mí. Aquí se cocina siempre sin gluten y sin lácteos, que es lo suyo y tiene todo el sentido, porque escribe pensando en gente que no los tolera. Si vosotros no tenéis ese problema, os puede apetecer de vez en cuando algo que se sale de ahí. Un buen pan de trigo, un queso, lo que sea. Y no pasa nada. Lo puedes hacer. Yo lo hago. Lo adapto, aunque la verdad cuando te acostumbras ya no echas de menos y si lo haces no te sientas culpable.

A mí me ocurre otra cosa: no me gusta quedarme en un solo sitio. Su recetario es amplísimo, con eso hay de sobra para años. Aun así sigo curioseando lo que hace otra gente, probando cosas de aquí y de allá, porque me divierte. Si sois de las mías, esto no os quita libertad ninguna, aunque tampoco esperéis que os resuelva todo el apetito.

Y lo dicho antes: esto organiza tu cocina, no trata nada. Si arrastras un problema de salud, lo primero es la consulta y luego ya veremos qué comemos.

Hay tres cosas gratis y conviene verlas juntas.

El menú semanal completo. No una receta de muestra: el menú entero, con sus recetas y su lista de la compra. Esto es lo que más te va a servir para decidir.

El taller «Empieza a comer SANO». Un curso inicial gratuito para ver cómo enseña y cómo se organiza antes de meterte en nada.

El ebook de panes sin gluten. Las claves para que la miga salga tierna, qué harinas y qué levaduras usar, y dos recetas. Si en casa hay celiaquía, con esto solo ya te llevas algo.

Mi consejo: empieza por el menú y cocínalo entero esa semana. Si el domingo siguiente echas de menos tenerlo resuelto, ya tienes tu respuesta. Y si ni lo tocaste, te has ahorrado el dinero.

Lo que mejor hace esta membresía es quitarte la decisión de encima, que es justo donde nos caemos todas. El menú viene montado, la lista de la compra sale sola ajustada a los que sois en casa, y si un plato no te apetece lo cambias en un clic sin que se descuadre la semana. Eso último parece una tontería y es lo que marca que sigas o lo dejes.

Me gusta que se cocine una sola comida para toda la casa, con adaptación a bebés incluida, y que si hay celiaquía o intolerancia a la lactosa no tengas que tocar nada. También que los menús los revise una dietista y que los directos mensuales se metan en cuerpo, descanso y hábitos, y no se queden solo en la cocina.

Y valoro que puedas entrar sin permanencia y que haya tres cosas gratis para probar antes de soltar un euro.

Si sabes cocinar y lo que te falta es decidir, si en casa hay intolerancias, si tenéis niños o si compras sin lista y acabas tirando comida, esto te va a cundir desde la primera semana.

Le sacarás menos partido si tu semana no tiene nunca un hueco de un par de horas seguidas, porque el sistema rinde más cuando puedes adelantar trabajo de golpe. Y si lo que buscas es una pauta para una patología concreta, eso es cosa de un dietista-nutricionista, no de una membresía de cocina

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